viernes, 27 de julio de 2007

El Buen Pastor en el Nuevo Testamento Jesús de Nazaret niño que, en su calidad de pastor, cuida y salva a su rebaño, en referencia a Dios como protector de sus fieles. Más exactamente se ha interpretado como aquel que salva a la oveja descarriada, al pecador.

Entonces Jesús les dijo esta parábola: "Si alguno de ustedes pierde una oveja de las cien que tiene, ¿no deja las otras noventa y nueve en el desierto y se va en busca de la que se le perdió, hasta que la encuentra?. Y cuando la encuentra se la carga muy feliz sobre los hombros, y al llegar a su casa reúne a los amigos y vecinos y les dice: "Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido." Yo les digo que de igual modo habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que vuelve a Dios que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse.

Aparece también en san Juan, 10, 1-21:

«Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pastor. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa,porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor.

Moscóforo del siglo V adC, perteneciente al periodo de la Grecia Antigua, con una imagen del Buen Pastor. Los cristianos seguirán estos modelos para sus representaciones

Moscóforo del siglo V adC, perteneciente al periodo de la Grecia Antigua, con una imagen del Buen Pastor. Los cristianos seguirán estos modelos para sus representaciones

Antes de los Evangelios, el tema aparece prefigurado en el salmo 23



Antes de los Evangelios, el tema aparece prefigurado en el salmo 23

El Señor es mi pastor

y en el libro de Ezequiel (34, 12):

Como un pastor vela por su rebaño […] así velaré yo por mis ovejas […] la oveja perdida, la buscaré

y en Isaías (40,11)

Como pastor pastorea su rebaño


el primer tema el Buen Pastor guarda su rebaño, de pie o sentado. La otra representación con el cordero extraviado en los brazos o sobre los hombros está mucho más extendida y procede directamente de los modelos paganos del moscóforo o el Hermes (Crióforo) que lleva la oveja del sacrificio.

A partir del siglo VI decae la representación del Buen Pastor hasta desaparecer completamente en la Edad Media, hasta que se recupera entre los siglos XV y XVI, para volver a quedar relegada en el siglo XIX. En los siglos XVII y XVIII reaparece a veces con la versión de la Divina Pastora.

La variedad de representaciones es numerosa. Las características comunes de las obras suelen presentar a un niño que porta un báculo, cayado o flauta, con túnica, y que tiene en su regazo o lleva sobre los hombros un cordero. También se ha representado con Jesus adulto.

En pintura se encontraba ya en la catacumbas de san Calixto o de Dimitila, y una de las obras más conocidas es la de Bartolomé Esteban Murillo. En la escultura ha sido también una imagen común, que empezó siendo esculpida en los flancos de los sarcófagos y recurrente en la música religiosa, como la pieza para órgano, El triptico del Buen Pastor, de Jesús Guridi.




Jesús es "el buen Pastor": vive íntegramente para el bien del hombre.

El buen pastor es un buscador incansable. Para hallarnos pone en juego su vida. Ahí vemos que Jesús no está bromeando, que toma en serio su búsqueda. No se borra cuando las cosas se ponen difíciles.
Ahora, hermanas y hermanos, es importante que nos dejemos encontrar. Precisamente él es feliz si nos encuentra, si nos espía en nuestros escondites. Y cuando nos encuentra, empieza un camino de la mano de Jesús, paso a paso hacia delante. Caminar de la mano de Jesús no significa que todos los problemas estén solucionados. Pero significa tener al lado a Él que ayuda a sobrellevar esos problemas. Amén.


Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas।"



"Señor, danos muchos y muy Santos Sacerdotes। Amén

¿ESTÁS PERDIDO?

http://www.corazondejesus.net

¿ESTÁS PERDIDO?

Cuando estás perdido en medio de una gran ciudad, agradeces que alguien amable te indique el camino correcto para llegar a tu destino.

A veces, en tu vida, incluso estás tan perdido que ni siquiera sabes a donde quieres ir, simplemente te dejas llevar por los acontecimientos, porque ¿cuál es tu destino?, ¿ser más rico?, ¿ser más estimado por la gente?, ¿ser famoso? ¿tener más cosas?...

Todos estos objetivos materiales que la sociedad te impone como metas naturales, no pueden satisfacerte, siempre te dejan un resquemor interior, un vacío que no sabes cómo llenar, y buscas, y buscas, y buscas, de entre lo que se te ofrece a tu alrededor sin encontrar nada que te dé la paz que anhelas. Así, son cada día más las personas que padecen de ansiedad, estrés, depresión; en fin: hastío por la vida.

Ten presente que sólo encuentran verdadero descanso aquellas almas que ponen su confianza en valores imperecederos que estén a la altura de lo que su alma necesita: el amor de Jesús. Es esto lo que tu alma verdaderamente ansía para verse colmada y no descansará hasta que le des lo que te pide. Sólo El puede calmar tus desasosiegos. Son muchos los que han encontrado en el amor de Jesús a ese fiel consejero que les indique el camino correcto, y les desvele el fin último de su existencia: su destino eterno.

Sin embargo, el camino, no te engañes, no es fácil para el que decide seguirlo। Te puedes perder. Son muchos los influjos negativos, los engaños que intentarán apartarte de tu camino. El mundo te ofrece muchas cosas apetecibles. Los excesivos bienes materiales embotan tus sentidos y tu alma, y te impiden ver, a veces, tu camino. Pero no temas, el amor de Cristo nos prometió su ayuda; toda la que precisemos para al fin triunfar.








saludosFernando uller

domingo, 22 de julio de 2007

http://www.youtube.com/watch?v=-ZgkaeRLeIk

EL BUEN PASTOR

EL BUEN PASTOR
No se puede mostrar la imagen “http://pages.globetrotter.net/chevalierbleu/poster-jesus-resurrection-16.jpg” porque contiene errores.
1 Salmo de David.
El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.

2 Él me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
3 y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.

4 Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.

5 Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.

6 Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.

Súplica al Señor, defensor de los humildes

Salmo 10 (9)

La arrogancia y la prepotencia de los malvados

Lámed 1 ¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te ocultas en los momentos de peligro?

2 El pobre se consume por la soberbia del malvado
y queda envuelto en las intrigas tramadas contra él.

Nun 3 Porque el malvado se jacta de su ambición,
el codicioso blasfema y menosprecia al Señor;
4 el impío exclama en el colmo de su arrogancia:
"No hay ningún Dios que me pida cuenta".
Esto es lo único que piensa.

5 Sus caminos prosperan constantemente;
tus juicios, allá arriba, lo tienen sin cuidado;
elimina de un soplo a todos sus rivales
6 y se dice a sí mismo: "No vacilaré,
seré siempre feliz, no tendré contrariedades".

Pe 7 Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de violencias;
detrás de sus palabras hay malicia y opresión;
8 se pone al acecho en los poblados
y mata al inocente en lugares ocultos.
Ain Sus ojos espían a los débiles;
9 acecha ocultamente como el león en su guarida;
se agazapa para atrapar al pobre,
y lo atrapa arrastrándolo en sus redes.

10 Espía, se inclina, se dobla,
y cae sobre el débil con todas sus fuerzas.

11 Luego piensa: "Dios lo olvida;
aparta su rostro y nunca ve nada".


Súplica al Señor, defensor de los humildes

Cof 12 ¡Levántate, Señor Dios, alza tu mano,
no te olvides de los pobres!

13 ¿Por qué el malvado desprecia a Dios,
pensando que tú no pides cuenta?

Res 14 Pero tú lo estás viendo:
tú consideras los trabajos y el dolor,
para tomarlos en tus propias manos.
El débil se encomienda a ti;
tú eres el protector del huérfano.

Sin 15 ¡Quiebra el brazo del malvado y del impío,
castiga su malicia y no subsistirá!

16 El Señor reina para siempre
y los paganos desaparecerán de la tierra.

Tau 17 Tú, Señor, escuchas los deseos de los pobres,
los reconfortas y les prestas atención.

18 Tú haces justicia al huérfano y al oprimido:
¡que el hombre hecho de tierra no infunda más temor!

Teresa de Calcuta

Teresa de Calcuta

"Si oís que alguna mujer no quiere tener a su hijo y desea abortar, intentad convencerla para que me traiga a ese niño.
Yo lo amaré, viendo en él el signo del amor de Dios" M. Teresa de Calcuta, al recibir el premio Nobel de la Paz (Oslo, 10 de diciembre de 1979)











  • "A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota."
  • "Cada obra de amor, llevada a cabo con todo el corazón, siempre logrará acercar a la gente a Dios."
  • "Dios no me eligió para tener éxito, sino para ser fiel."
  • "Debemos hacer las cosas ordinarias con un amor extraordinario."
  • "El amor, para que sea auténtico, debe costarnos."
  • "El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz."
  • "El que no vive para servir, no sirve para vivir."
  • "La gente a menudo no es razonable, es ilógica y egoísta; perdónalos de todas formas. Si eres amable, la gente puede acusarte de egoísta o tener intenciones ocultas; sé amable de todas formas. Si tienes éxito, te ganarás algunos falsos amigos y algunos verdaderos enemigos; ten éxito de todas formas. Si eres honesto y franco, la gente puede engañarte; sé honesto y franco de todas formas. Lo que tú puedes estar años construyendo, alguien podría destruirlo en una noche; construye de todas formas. Si encuentras la serenidad y felicidad, la gente puede sentir celos de ti; se feliz de todas formas. El bien que haces hoy, la gente posiblemente lo olvidará mañana; haz el bien de todas formas. Da al mundo lo mejor que tengas, e incluso podría no ser suficiente; da al mundo lo mejor que tengas de todas formas. Sabes, en el análisis final, se trata de algo entre Dios y tú; nunca entre tú y la gente de todas formas."
  • "Lo que importa es cuanto amor ponemos en el trabajo
  • "No puedo parar de trabajar. Tendré toda la eternidad para descansar."
  • "Nuestra tarea consiste en animar a cristianos y no cristianos a realizar obras de amor. Y cada obra de amor, hecha de todo corazón, acerca a las personas a Dios."
  • "Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él."
  • "Para hacer que una lámpara esté siempre encendida, no debemos de dejar de ponerle aceite."
  • "Prefiero ser una gotita de amor, en un mar de amargura."
  • "Si en verdad queremos amar, tenemos que aprender a perdonar."
  • "Si tu juzgas a la gente, no tienes tiempo para amarla"
  • "Sin nuestro sufrimiento, nuestra tarea no diferiría de la asistencia social."
  • "Usted se sorprenderá cuando le diga que en los barrios más pobres de muchas ciudades donde vivimos y trabajamos, al abordar a las personas que viven en casuchas, lo primero que nos piden no es pan ni ropa, pese a que muchas se están muriendo de hambre y andan casi desnudas. Nos piden que les enseñemos la Palabra de Dios. La gente tiene hambre de Dios. Anhela escuchar Su Palabra."

Teresa de Calcuta

la Orden de las Hermanas de Nuestra Señora de Loreto. Recibió el Premio Nobel de la Paz en el año 1979 por su dedicación a los más necesitados. Fundadora de la Congregación "Misioneras de la Caridad", fué beatificada en 2003.


San Juan el Bautisita


San Juan el Bautisita

Lucas 3:1-3, Juan comenzó a predicar y a bautizar en el desierto «el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba Judea, cuando Herodes era tetrarca de Galilea, su hermano Filippo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, en tiempo del sumo sacerdote Anás y Caifás».


Juan bautiza a Jesús en el Jordán, por Piero della Francesca.


Tiberio sucedió a Augusto el 19 de agosto del año 767 de la fundación de Roma. Lucas pudo contabilizar los años siguiendo el calendario sirio, que inicia el año 1 de octubre, o bien el calendario romano, que comienza en enero, por lo cual no sabemos si tuvo en cuenta el primer año de la sucesión. Así, la fecha aproximada del inicio de la actividad del Bautista estaría en torno al año 28 de nuestra era.

  • portugués: João Baptista
  • italiano: Giovanni il Battista
  • francés: Jean-Baptiste
  • corso: Ghjuvanni u Battistu
  • rumano: Ioan Botezătorul
  • inglés: John the Baptist
  • alemán: Johannes der Täufer
  • holandés: Johannes de Doper
  • danés: Johannes Døberen
  • sueco: Johannes döparen
  • noruego: døperen Johannes
  • griego: Ιωαννης ο Βαπτιστης
  • latín: Ioannes Baptista
  • ruso: Йоанн Креститель
  • polaco: Jan Chrzciciel
  • checo: Jan Křtitel
  • estonio: Ristija Johannes
  • finlandés: Johannes Kastaja
  • japonés: ヨハネ (洗礼者)
  • catalán/valenciano: Joan el Baptista
  • croata: Ivan Krstitelj
  • gallego:"San Xoan Bautista"


«Voz que clama en el desierto: "rectificad los caminos del Señor"» (Juan 1:23), con lo cual cumplía expresamente una profecía de Isaías (Mateo 3:1-4, Lucas 3:4-6, Isaías 40:3-5). Marcos 1:1-4 une a ésta el cumplimieto de otra profecía, de Malaquias 3:1. Esta misma misión general, cumplir unidas ambas profecías, vista como una, fue definida en general por los esenios para ellos mismos, según la Regla de la Comunidad (1QS VIII 13-14; 4Q259 III 3-6), encontrada entre los Manuscritos del Mar Muerto y datada entre los años 100 y 75 adC. También la liturgia bautismal esenia (4Q14) pudo haber servido de inspiración a Juan.

Bautizó a Jesús en el río Jordán (Lucas 3:21-22, Marcos 1:9-11), y lo reconoció como Mesías (Juan 1:25-34, Mateo 3:13-17).


Confia y no pierdas la fe · · Dios puede enderezar lo que tu torciste

Debemos salir de la oscuridad! y enderezar . “¡PREPAREN EL CAMINO DEL SEÑOR!, allanen sus senderos” (Lc 3,1-6) .

SALUDOS!


fernando uller

Los Carmelitas

Los Carmelitas

Historia
Desde los antiguos ermitaños que se establecieron en el Monte Carmelo, Los Carmelitas han sido conocidos por su profunda devoción a la Santísima Virgen. Ellos interpretaron la nube de la visión de Elías (1 Reyes 18, 44) como un símbolo de la Virgen María Inmaculada. Ya en el siglo XIII, cinco siglos antes de la proclamación del dogma, el misal Carmelita contenía una Misa para la Inmaculada Concepción.

En las palabras de Benedicto XVI, 15,VII,06:
"
El Carmelo, alto promontorio que se yergue en la costa oriental del Mar Mediterráneo, a la altura de Galilea, tiene en sus faldas numerosas grutas naturales, predilectas de los eremitas. El más célebre de estos hombres de Dios fue el gran profeta Elías, quien en el siglo IX antes de Cristo defendió valientemente de la contaminación de los cultos idolátricos la pureza de la fe en el Dios único y verdadero. Inspirándose en la figura de Elías, surgió al Orden contemplativa de los «Carmelitas», familia religiosa que cuenta entre sus miembros con grandes santos, como Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Teresa del Niño Jesús y Teresa Benedicta de la Cruz (en el siglo, Edith Stein). Los Carmelitas han difundido en el pueblo cristiano la devoción a la Santísima Virgen del Monte Carmelo, señalándola como modelo de oración, de contemplación y de dedicación a Dios. María, en efecto, antes y de modo insuperable, creyó y experimentó que Jesús, Verbo encarnado, es el culmen, la cumbre del encuentro del hombre con Dios. Acogiendo plenamente la Palabra, «llegó felizmente a la santa montaña» (Oración de la colecta de la Memoria), y vive para siempre, en alma y cuerpo, con el Señor. A la Reina del Monte Carmelo deseo hoy confiar todas las comunidades de vida contemplativa esparcidas por el mundo, de manera especial las de la Orden Carmelitana, entre las que recuerdo el monasterio de Quart, no muy lejano de aquí [Valle de Aosta]. Que María ayude a cada cristiano a encontrar a Dios en el silencio de la oración.




¡LEVÁNTE, ESCUCHA, NO TENGAS MIEDO!

¡LEVÁNTE, ESCUCHA, NO TENGAS MIEDO!
Mensaje del Papa a los jóvenes


Tras casi sesenta años de sacerdocio estoy contento de ofrecer
aquí mi testimonio ante todos vosotros:
¡es hermoso poder gastarse hasta el final
por la causa del Reino de Dios!

- Juan Pablo II a los jóvenes en Suiza, junio del 2004




EL DEBER DE ANUNCIAR EL EVANGELIO

CristianismoCristianismo uan Pablo II pidió... que le permitieran entrar en sus corazones, hogares y pensamientos, "proponiendo de nuevo la gozosa proclamación evangélica de Cristo Salvador que dirige sus deseos de paz a cada uno de vosotros".

"Me lleva por los senderos del mundo el deber de anunciar el Evangelio de Cristo para proponerlo a los hombres y mujeres del tercer milenio, en particular a las nuevas generaciones. Cristo es el Redentor del hombre. Quien cree en El y lo sigue se transforma en constructor de la civilización del amor y de la paz".

CON LOS JÓVENES

Papa con jóvenes en SuizaPapa con jóvenes en Suiza ...Tras las palabras que les dirigió el Papa, los jóvenes cantaron "Levons-nous" (Levantémonos), el himno de este encuentro nacional, rezaron el Padre Nuestro y recibieron la bendición papal.

LEVÁNTATE

El Santo Padre explicó que las palabras "léve-toi" (levántate), del Evangelio de San Lucas, eran las pronunciadas por Jesús en Naín, al encontrarse con un joven muerto, hijo único, acompañado por su madre. El Papa dijo que estaba en Suiza para decir esas mismas palabras a los jóvenes, para pedirles que se levantasen y siguieran a Cristo como sus discípulos.

"También hoy se puede formar parte de aquella triste procesión de Naín -prosiguió- (...) si os abandonáis a la desesperación, si los espejismos de la sociedad de consumo os seducen y apartan de la verdadera alegría para engulliros en placeres pasajeros, si la indiferencia y la superficialidad os envuelven, si frente al mal y al sufrimiento dudáis de la presencia de Dios y de su amor por cada persona, si buscáis a la deriva en una afectividad desordenada la saciedad de la sed interior de amor puro y verdadero".

"En esos momentos es cuando Cristo se acerca a cada uno de vosotros (...) y dice 'levántate'. Acepta la invitación que te pone en pie de nuevo". "El cristianismo no es simplemente un libro de cultura o una ideología y tampoco un sistema de valores o principios, por muy elevado que sea. El cristianismo es una persona, una presencia, un rostro: Jesús, que dan sentido y plenitud a la vida del ser humano".

"No tengáis miedo de encontrar a Jesús -dijo el Papa a los jóvenes-. Yo también he tenido 20 años, como vosotros. Me gustaba el deporte, esquiar, actuar. Estudiaba y trabajaba. Tenía deseos y preocupaciones. En esos años ya lejanos, en tiempos en que mi tierra natal estaba herida por la guerra y más tarde por el régimen totalitario, buscaba el sentido de mi vida. Y lo encontré siguiendo al Señor Jesús".

ESCUCHA

"La segunda invitación que os dirijo es: 'Escucha'. No te canses nunca de entrenarte en la disciplina difícil de la escucha. Escucha la voz del Señor que te habla a través de los hechos de la vida diaria, a través de las alegrías y las penas que la acompañan, de las personas que están a tu lado, la voz de la conciencia está sedienta de verdad, de felicidad, de bondad y de belleza. Si sabes abrir el corazón y la mente (...) descubrirás 'tu vocación', ese proyecto que Dios, desde siempre, en su amor, ha establecido para tí", y "podrás construir una familia" o abrazar el sacerdocio o la vida religiosa.

NO TENGAS MIEDO
"Yo te digo: ¡no tengas miedo!", continuó dirigiéndose a cada uno de los jóvenes. "¡Dios no se deja ganar en generosidad! Tras casi sesenta años de sacerdocio estoy contento de ofrecer aquí mi testimonio ante todos vosotros: es hermoso poder gastarse hasta el final por la causa del Reino de Dios!".

Juan Pablo II concluyó sus palabras pidiendo a los jóvenes que con su energía y entusiasmo hicieran que el Evangelio penetrase en "todos los tejidos de la sociedad para que suscite una civilización de justicia auténtica y de amor sin discriminaciones".

“Arte cristiano”


“Arte cristiano” es un término que, aunque siempre se aplica solo a las bellas artes y a sus creaciones, es usado con más de un significado que debemos distinguir en esta enciclopedia. Lo más frecuente es que designemos como Arte cristiano, tanto a las bellas artes que encontramos en el servicio de la Iglesia, esto es, las que sirven para construir y embellecer las casas de oración, los hogares de los servidores consagrados de Dios, los monasterios, conventos, los lugares de último reposo, etc., como a las que dan hermosura a los ritos y ceremonias de la Iglesia. En este último sentido, el arte cristiano es también llamado arte eclesiástico y consideramos conveniente tratar este tema por separado bajo el título ARTE ECLESIÁSTICO. El término “arte cristiano” algunas veces se utiliza para denotar a las manifestaciones artísticas en cuanto a que están en armonía con los ideales y principios cristianos. En lo que a esto concierne, el arte cristiano será tratado en los diversos artículos especiales dentro de los cuáles sus divisiones caen de manera natural. (Véase PINTURA; MÚSICA, ESCULTURA, etc.)

Transcrito por Joseph P. Tomas
Traducido por Eladio Megchún


saludos!!!!!!!!y ya paso el Domingo-



Fernando Uller

El Ángelus,

El Ángelus,


El Ángelus, devoción de origen franciscano, que para el Diccionario de la Real Academia Española es «Oración en honor del misterio de la Encarnación», hace una síntesis admirable del mismo, de las personas que intervienen en tan gran acontecimiento y de la misión o actitud de cada una de ellas, con palabras tomadas del mismo Evangelio. En su extremada brevedad, ofrece materia sólida a la vez que asequible para la meditación cotidiana del creyente. San Lucas refiere que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Luego añadió: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le aclaró: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Días después, María fue a casa de Zacarías y saludó a Isabel, la cual exclamó: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno» (cf. Lc 1,26ss). A modo de conclusión, San Juan añade en el prólogo de su Evangelio: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14).

ADESTE FIDELIS


ADESTE FIDELIS












ADESTE FIDELIS

Adestes fideles
laeti triunfantes.
Venite, venite
in Betlehem.

Natum videte
Regem angelorum.
Venite adoremus,
venite adoremus,
venite adoremus, dominum.


Adestes fideles
laeti triunfantes.
Venite, venite,
in Betlehem.

Natum videte
Regem angelorum.
Venite adoremus,
venite adoremus,
venite adoremus, dominum.


Adestes fideles
laeti triunfantes.
Venite, venite,
in Betlehem.

Natum videte
Regem angelorum.
Venite adoremus,
venite adoremus,
venite adoremus, dominum.

Santa Teresa del Niño Jesús

Santa Teresa del Niño Jesús


Nace en el seno de una familia compuesta por El Sr. y la Sra. Celia Martin, padres de Teresa, y sus cuatro hermanas María, Paulina, Leonia y Celina.

Bautismo en la Iglesia de Notre Dame

"Mis primeros recuerdos están impregnados de las más tiernas sonrisas y caricias…Y así quería mucho a papá y a mamá , y les demostraba de mil maneras mi cariño, pues era muy efusiva"


¡Jesús, amor mío, al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor! amor! En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amo.(MsB 3vº)



Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz es declarada Doctora de la Iglesia universal

1. La ciencia del amor divino, que el Padre de las misericordias derrama por Jesucristo en el Espíritu Santo, es un don, concedido a los pequeños y a los humildes, para que conozcan y proclamen los secretos del Reino, ocultos a los sabios e inteligentes: por esto Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y bendijo al Padre, que así lo había establecido (cf. Lc 10, 21_22; Mt 11, 25_26).

También se alegra la Madre Iglesia al constatar que, en el decurso de la historia, el Señor sigue revelándose a los pequeños y a los humildes, capacitando a sus elegidos, por medio del Espíritu que «todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios» (1 Co 2, 10), para hablar de las cosas «que Dios nos ha otorgado (...), no con palabras aprendidas de sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu, expresando realidades espirituales» (1 Co 2, 12. 13). De este modo el Espíritu Santo guía a la Iglesia hacia la verdad plena, la dota de diversos dones, la embellece con sus frutos, la rejuvenece con la fuerza del Evangelio y la hace capaz de escrutar los signos de los tiempos, para responder cada vez mejor a la voluntad de Dios (cf. Lumen gentium, 4 y 12; Gaudium et spes, 4).

Entre los pequeños, a los que han sido revelados de manera muy especial los secretos del Reino, resplandece Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, monja profesa de la orden de los Carmelitas Descalzos, de la que este año se celebra el centenario de su ingreso en la patria celestial. Durante su vida, Teresa descubrió «luces nuevas, significados ocultos y misteriosos» (Ms A 83 v) y recibió del Maestro divino la «ciencia del amor», que luego manifestó con particular originalidad en sus escritos (cf. Ms B 1 r). Esa ciencia es la expresión luminosa de su conocimiento del misterio del Reino y de su experiencia personal de la gracia. Se puede considerar como un carisma particular de sabiduría evangélica que Teresa, como otros santos y maestros de la fe, recibió en la oración (cf. Ms C 36 r). 2. La acogida del ejemplo de su vida y de su doctrina evangélica ha sido rápida, universal y constante en nuestro siglo. Casi a imitación de su precoz maduración espiritual, su santidad fue reconocida por la Iglesia en el espacio de pocos años. En efecto, el 10 de junio de 1914 Pío X firmó el decreto de incoación de la causa de beatificación; el 14 de agosto de 1921 Benedicto XV declaró la heroicidad de las virtudes de la sierva de Dios, pronunciando en esa ocasión un discurso sobre el camino de la infancia espiritual; y Pío XI la proclamó beata el 29 de abril de 1923. Un poco más tarde, el 17 de mayo de 1925, el mismo Papa, ante una inmensa multitud, la canonizó en la basílica de San Pedro, poniendo de relieve el esplendor de sus virtudes, así como la originalidad de su doctrina, y dos años después, el 14 de diciembre de 1927, acogiendo la petición de muchos obispos misioneros, la proclamó, junto con san Francisco Javier, patrona de las misiones.

A partir de esos reconocimientos, la irradiación espiritual de Teresa del Niño Jesús ha aumentado en la Iglesia y se ha difundido por todo el mundo. Muchos institutos de vida consagrada y movimientos eclesiales, especialmente en las Iglesias jóvenes, la han elegido como patrona y maestra, inspirándose en su doctrina espiritual. Su mensaje, a menudo sintetizado en el así llamado «caminito», que no es más que el camino evangélico de la santidad para todos, ha sido objeto de estudio por parte de teólogos y autores de espiritualidad. Se han construido y dedicado al Señor, bajo el patrocinio de la santa de Lisieux, catedrales, basílicas, santuarios e iglesias en todo el mundo. La Iglesia católica en sus diversos ritos, tanto de Oriente como de Occidente, celebra su culto.

Numerosos fieles han podido experimentar el poder de su intercesión. Muchos, llamados al ministerio sacerdotal o a la vida consagrada, especialmente en las misiones y en la vida contemplativa, atribuyen la gracia divina de la vocación a su intercesión y a su ejemplo.

3. Los pastores de la Iglesia, comenzando por mis predecesores los Sumos Pontífices de este siglo, que propusieron su santidad como ejemplo para todos, también han puesto de relieve que Teresa es maestra de vida espiritual con una doctrina sencilla y, a la vez, profunda que ella tomó de los manantiales del Evangelio bajo la guía del Maestro divino y luego comunicó a sus hermanos y hermanas en la Iglesia con amplísima eficacia (cf. Ms B 2 v _ 3 r).

Esta doctrina espiritual nos ha sido transmitida sobre todo en su autobiografía que, tomada de los tres manuscritos redactados por ella en los últimos años de su vida y publicada un año después de su muerte con el título: Historia de un alma (Lisieux 1898), ha despertado extraordinario interés hasta nuestros días. Esta autobiografía, traducida, al igual que sus demás escritos, a cerca de cincuenta lenguas, ha dado a conocer a Teresa en todas las regiones del mundo, incluso fuera de la Iglesia católica. A un siglo de distancia de su muerte, Teresa del Niño Jesús sigue siendo considerada una de las grandes maestras de vida espiritual de nuestro tiempo.

4. No es sorprendente, por tanto, que hayan llegado a la Sede apostólica muchas peticiones para que se le conceda el título de Doctora de la Iglesia universal.

Desde hace algunos años, y especialmente al acercarse la alegre celebración del primer centenario de su muerte, esas peticiones han llegado cada vez en mayor número, incluso de parte de Conferencias episcopales. Además, se han realizado congresos de estudio y abundan las publicaciones que ponen de relieve el hecho de que Teresa del Niño Jesús posee una sabiduría extraordinaria y, con su doctrina, ayuda a muchos hombres y mujeres de cualquier condición a conocer y amar a Jesucristo y su Evangelio. A la luz de estos datos, decidí encargar un atento estudio para saber si la santa de Lisieux cumplía los requisitos para poder ser declarada Doctora de la Iglesia universal.

5. En este marco, me complace recordar brevemente algunos momentos de la vida de Teresa del Niño Jesús. Nace en Alençon (Francia) el 2 de enero de 1873. Es bautizada dos días más tarde en la iglesia de Notre Dame, recibiendo los nombres de María Francisca Teresa. Sus padres son Louis Martín y Zélie Guérin, cuyas virtudes heroicas he reconocido recientemente. Después de la muerte de su madre, que acontece el 28 de agosto de 1877, Teresa se traslada con toda la familia a la ciudad de Lisieux donde, rodeada del afecto de su padre y sus hermanas, recibe una formación exigente y, a la vez, llena de ternura.

Hacia fines de 1879 recibe por primera vez el sacramento de la penitencia. En el día de Pentecostés de 1883 recibe la gracia singular de curar de una grave enfermedad, por intercesión de Nuestra Señora de las Victorias. Educada por las benedictinas de Lisieux, recibe la primera comunión el 8 de mayo de 1884, después de una intensa preparación, coronada por una singular experiencia de la gracia de la unión íntima con Jesús. Pocas semanas más tarde, el 14 de junio del mismo año, recibe el sacramento de la confirmación, con viva conciencia de lo que implica el don del Espíritu Santo en la participación personal en la gracia de Pentecostés. En la Navidad de 1886 vive una experiencia espiritual muy profunda, que describe como una «conversión total». Gracias a ella, supera la fragilidad emotiva derivada de la pérdida de su madre e inicia «una carrera acelerada» por el camino de la perfección (cf. Ms A 44 v _ 45 v).

Teresa desea abrazar la vida contemplativa, como sus hermanas Paulina y María, en el Carmelo de Lisieux, pero se lo impide su corta edad. Con ocasión de una peregrinación a Italia, después de visitar la santa Casa de Loreto y los lugares de la ciudad eterna, en la audiencia que el Papa concede a los fieles de la diócesis de Lisieux, el 20 de noviembre de 1887, con filial audacia pide a León XIII el permiso para entrar en el Carmelo a la edad de 15 años.

El 9 de abril de 1888 entra en el Carmelo de Lisieux, donde recibe el hábito de la orden de la Virgen el 10 de enero del año siguiente, y emite su profesión religiosa el 8 de septiembre de 1890, fiesta de la Natividad de la Virgen María. En el Carmelo emprende el camino de la perfección trazado por la madre fundadora, Teresa de Jesús, con auténtico fervor y fidelidad, cumpliendo los diversos oficios comunitarios que se le confían. Iluminada por la palabra de Dios y probada de modo particular por la enfermedad de su amadísimo padre, Louis Martín, que muere el 29 de julio de 1894, Teresa se encamina hacia la santidad, insistiendo en la centralidad del amor. Descubre y comunica a las novicias encomendadas a su cuidado el caminito de la infancia espiritual, progresando en el cual ella penetra cada vez más en el misterio de la Iglesia y, atraída por el amor de Cristo, siente crecer en sí misma la vocación apostólica y misionera, que la impulsa a llevar a todos hacia el encuentro con el Esposo divino.

El 9 de junio de 1895, en la fiesta de la Santísima Trinidad, se ofrece como víctima de holocausto al amor misericordioso de Dios. El 3 de abril del año siguiente, en la noche entre el Jueves y el Viernes santo, tiene una primera manifestación de la enfermedad que la llevará a la muerte. Teresa la acoge como la misteriosa visita del Esposo divino. Al mismo tiempo, entra en la prueba de la fe, que durará hasta su muerte. Al empeorar su salud, a partir del 8 de julio de 1897, es trasladada a la enfermería. Sus hermanas y otras religiosas recogen sus palabras, mientras los dolores y las pruebas, sufridos con paciencia, se intensifican hasta culminar con la muerte, en la tarde del 30 de septiembre de 1897. «Yo no muero; entro en la vida», había escrito a uno de sus hermanos espirituales, don Bellière (Carta 244). Sus últimas palabras: «Dios mío, te amo», son el sello de su existencia. 6. Teresa del Niño Jesús nos ha legado escritos que, con razón, le han merecido el título de maestra de vida espiritual. Su obra principal es el relato de su vida en los tres Manuscritos autobiográficos (A, B y C), publicados inicialmente con el título, que pronto se hizo célebre, de Historia de un alma.

En el Manuscrito A, redactado a petición de la hermana Inés de Jesús, entonces priora del monasterio, y entregado a ella el 21 de enero de 1896, Teresa describe las etapas de su experiencia religiosa: su infancia, especialmente el acontecimiento de su primera comunión y de la confirmación, y su adolescencia, hasta el ingreso en el Carmelo y su primera profesión. El Manuscrito B, redactado durante el retiro espiritual de ese mismo año, a petición de su hermana María del Sagrado Corazón, contiene algunas de las páginas más hermosas, conocidas y citadas de la santa de Lisieux. En ellas se manifiesta la plena madurez de la santa, que habla de su vocación en la Iglesia, Esposa de Cristo y Madre de las almas.

El Manuscrito C, redactado en el mes de junio y en los primeros días de julio de 1897, pocos meses antes de su muerte, y dedicado a la priora Maríade Gonzaga, que se lo había pedido, completa los recuerdos del Manuscrito A sobre su vida en el Carmelo. Estas páginas revelan la sabiduría sobrenatural de la autora. Teresa narra algunas experiencias elevadísimas de este período final de su vida. Dedica páginas conmovedoras a la prueba de la fe: una gracia de purificación que la sumerge en una larga y dolorosa noche oscura, iluminada por su confianza en el amor misericordioso y paternal de Dios. Una vez más, y sin repetirse, Teresa hace brillar la resplandeciente luz del Evangelio. Aquí encontramos las páginas más hermosas, dedicadas al abandono confiado en las manos de Dios, a la unidad entre el amor a Dios y el amor al prójimo, y a su vocación misionera en la Iglesia.

Teresa, en estos tres manuscritos diversos, que coinciden en una unidad temática y en una progresiva descripción de su vida y de su camino espiritual, nos ha entregado una original autobiografía, que es la historia de su alma. En ella se pone claramente de manifiesto que en su existencia Dios ofrece al mundo un mensaje preciso, al señalar un camino evangélico, el «caminito», que todos pueden recorrer, porque todos están llamados a la santidad.

En sus 266 Cartas que conservamos, dirigidas a familiares, a religiosas y a los «hermanos» misioneros, Teresa comunica su sabiduría, desarrollando una doctrina que constituye de hecho un profundo ejercicio de dirección espiritual de almas.

Forman parte de sus escritos también 54 Poesías, algunas de las cuales entrañan gran profundidad teológica y espiritual, inspiradas en la sagrada Escritura. Entre ellas merecen especial mención «Vivir de amor» (Poesías, 17) y «Por qué te amo, María» (Poesías, 54), síntesis original del camino de la Virgen María según el Evangelio. A esta producción hay que añadir 8 Recreaciones piadosas: composiciones poéticas y teatrales, ideadas y representadas por la Santa para su comunidad con ocasión de algunas fiestas, según la tradición del Carmelo. Entre los demás escritos, conviene recordar una serie de 21 Oraciones y la colección de sus palabras pronunciadas durante los últimos meses de vida. Esas palabras, de las que se conservan varias redacciones, son conocidas como Novissima verba o Últimas conversaciones.

7. El análisis esmerado de los escritos de santa Teresa del Niño Jesús, y la resonancia que han tenido en la Iglesia, permiten descubrir los aspectos principales de la «doctrina eminente», que constituye el elemento fundamental en el que se basa la atribución del título de Doctora de la Iglesia.

Ante todo, se constata la existencia de un particular carisma de sabiduría. En efecto, esta joven carmelita, sin una especial preparación teológica, pero iluminada por la luz del Evangelio, se siente instruida por el Maestrodivino que, como ella dice, es «el Doctor de los doctores» (Ms A 83 v), el cual le comunica las «enseñanzas divinas» (Ms B 1 r). Siente que en ella se han cumplido las palabras de la Escritura: «El que sea sencillo, venga a mí...; al pequeño se le concede la misericordia» (Ms B 1 v; cf. Pr 9, 4; Sb 6, 6) y sabe que ha sido instruida en la ciencia del amor, oculta a los sabios y a los inteligentes, que el Maestro divino se ha dignado revelarle a ella, como a los pequeños (cf. Ms A 49 r; Lc 10, 21_22). Pío XI, que consideró a Teresa de Lisieux como «estrella de su pontificado», no dudó en afirmar en la homilía del día de su canonización, el 17 de mayo del año 1925: «El Espíritu de la verdad le abrió y manifestó las verdades que suele ocultar a los sabios e inteligentes y revelar a los pequeños, pues ella, como atestigua nuestro inmediato predecesor, destacó tanto en la ciencia de las cosas sobrenaturales, que señaló a los demás el camino cierto de la salvación» (AAS 17 [1925] p. 213).

Su enseñanza no sólo es acorde con la Escritura y la fe católica, sino que también resalta por la profundidad y la síntesis sapiencial lograda. Su doctrina es, a la vez, una profesión de la fe de la Iglesia, una experiencia del misterio cristiano y un camino hacia la santidad. Teresa ofrece una síntesis madura de la espiritualidad cristiana: une la teología y la vida espiritual, se expresa con vigor y autoridad, con gran capacidad de persuasión y de comunicación, como lo demuestra la aceptación y la difusión de su mensaje en el pueblo de Dios.

La enseñanza de Teresa manifiesta con coherencia y une en un conjunto armonioso los dogmas de la fe cristiana como doctrina de verdad y experiencia de vida. A este respecto, no conviene olvidar que, como enseña el concilio Vaticano II, la inteligencia del depósito de la fe transmitido por los Apóstoles progresa en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo: «Crece la comprensión de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón (cf. Lc 2, 19 y 51), y cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad» (Dei Verbum, 8).

Tal vez en los escritos de Teresa de Lisieux no encontramos, como en otros Doctores, una presentación científicamente elaborada de las cosas de Dios, pero en ellos podemos descubrir un testimonio iluminado de la fe que, mientras acoge con amor confiado la condescendencia misericordiosa de Dios y la salvación en Cristo, revela el misterio y la santidad de la Iglesia. Así pues, con razón se puede reconocer en la santa de Lisieux el carisma de Doctora de la Iglesia, tanto por el don del Espíritu Santo, que recibió para vivir y expresar su experiencia de fe, como por su particular inteligencia del misterio de Cristo. En ella confluyen los dones de la ley nueva, esdecir, la gracia del Espíritu Santo, que se manifiesta en la fe viva que actúa por medio de la caridad (cf. santo Tomás de Aquino, Summa Theol. I_II, q. 106, art. 1; q. 108, art. 1).

Podemos aplicar a Teresa de Lisieux lo que dijo mi predecesor Pablo VI de otra joven santa, Doctora de la Iglesia, Catalina de Siena: «Lo que más impresiona en esta santa es la sabiduría infusa, es decir, la lúcida, profunda y arrebatadora asimilación de las verdades divinas y de los misterios de la fe (...): una asimilación favorecida, ciertamente, por dotes naturales singularísimas, pero evidentemente prodigiosa, debida a un carisma de sabiduría del Espíritu Santo» (AAS 62 [1970] p. 675). 8. Con su peculiar doctrina y su estilo inconfundible, Teresa se presenta como una auténtica maestra de la fe y de la vida cristiana. Por sus escritos, al igual que por las afirmaciones de los Santos Padres, pasa la vivificante linfa de la tradición católica, cuyas riquezas, como atestigua también el concilio Vaticano II, «van pasando a la práctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora» (Dei Verbum, 8).

La doctrina de Teresa de Lisieux, si se analiza en su género literario, correspondiente a su educación y a su cultura, y si se estudia a la luz de las particulares circunstancias de su época, coincide de modo providencial con la más genuina tradición de la Iglesia, tanto por la profesión de la fe católica como por la promoción de la más auténtica vida espiritual, propuesta a todos los fieles con un lenguaje vivo y accesible. Ella ha hecho resplandecer en nuestro tiempo el atractivo del Evangelio; ha cumplido la misión de hacer conocer y amar a la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo; ha ayudado a curar las almas de los rigores y de los temores de la doctrina jansenista, más propensa a subrayar la justicia de Dios que su divina misericordia. Ha contemplado y adorado en la misericordia de Dios todas las perfecciones divinas, porque «incluso la justicia de Dios, y tal vez más que cualquier otra perfección, me parece revestida de amor» (Ms A 83 v). Así se ha convertido en una imagen viva de aquel Dios que, como reza la oración de la Iglesia, «manifiesta especialmente su poder con el perdón y la misericordia» (cf. Misal romano, oración colecta del domingo XXVI del tiempo ordinario).

Aunque Teresa no tiene propiamente un cuerpo doctrinal, sus escritos irradian particulares fulgores de doctrina que, como por un carisma del Espíritu Santo, captan el centro mismo del mensaje de la Revelación en una visión original e inédita, presentando una enseñanza cualitativamente eminente.

En efecto, el núcleo de su mensaje es el misterio mismo de Dios Amor, de Dios Trinidad, infinitamente perfecto en sí mismo. Si la genuina experienciaespiritual cristiana debe coincidir con las verdades reveladas, en las que Dios se revela a sí mismo y manifiesta el misterio de su voluntad (cf. Dei Verbum, 2), es preciso afirmar que Teresa experimentó la revelación divina, llegando a contemplar las realidades fundamentales de nuestra fe encerradas en el misterio de la vida trinitaria. En la cima, como manantial y término, el amor misericordioso de las tres divinas Personas, como ella lo expresa, especialmente en su Acto de consagración al Amor misericordioso. Por parte del sujeto, en la base se halla la experiencia de ser hijos adoptivos del Padre en Jesús; ese es el sentido más auténtico de la infancia espiritual, es decir, la experiencia de la filiación divina bajo el impulso del Espíritu Santo. También en la base, y ante nosotros, está el prójimo, los demás, en cuya salvación debemos colaborar con Jesús y en él, con su mismo amor misericordioso.

Con la infancia espiritual experimentamos que todo viene de Dios, a él vuelve y en él permanece, para la salvación de todos, en un misterio de amor misericordioso. Ese es el mensaje doctrinal que enseñó y vivió esta santa. Como para los santos de la Iglesia de todos los tiempos, también para ella, en su experiencia espiritual, el centro y la plenitud de la revelación es Cristo. Teresa conoció a Jesús, lo amó y lo hizo amar con la pasión de una esposa. Penetró en los misterios de su infancia, en las palabras de su Evangelio, en la pasión del Siervo que sufre, esculpida en su santa Faz, en el esplendor de su existencia gloriosa y en su presencia eucarística. Cantó todas las expresiones de la caridad divina de Cristo, como las presenta el Evangelio (cf. Poesías, 24 «Acuérdate, mi Amor»).

Teresa recibió una iluminación particular sobre la realidad del Cuerpo místico de Cristo, sobre la variedad de sus carismas, dones del Espíritu Santo, sobre la fuerza eminente de la caridad, que es el corazón mismo de la Iglesia, en la que ella encontró su vocación de contemplativa y misionera (cf. Ms B 2 r _ 3 v).

Por último, entre los capítulos más originales de su ciencia espiritual conviene recordar la sabia investigación que Teresa realizó sobre el misterio y el camino de la Virgen María, llegando a resultados muy cercanos a la doctrina del concilio Vaticano II en el capítulo VIII de la constitución Lumen gentium y a lo que yo mismo expuse en mi carta encíclica Redemptoris Mater, del 25 de marzo de 1987.

9. La fuente principal de su experiencia espiritual y de su enseñanza es la palabra de Dios, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Ella misma lo confiesa, especialmente poniendo de relieve su amor apasionado al Evangelio (cf. Ms A 83 v). En sus escritos se cuentan más de mil citas bíblicas: más de cuatrocientas del Antiguo Testamento y más de seiscientas del Nuevo. A pesar de que no tenía preparación y de que carecía de medios adecuados para el estudio y la interpretación de los libros sagrados, Teresa se entregó a la meditación de la palabra de Dios con una fe y un empeño singulares. Bajo el influjo del Espíritu logró, para sí y para los demás, un profundo conocimiento de la Revelación. Concentrándose amorosamente en la Escritura _manifestó que le hubiera gustado conocer el hebreo y el griego para comprender mejor el espíritu y la letra de los libros sagrados_ puso de manifiesto la importancia que las fuentes bíblicas tienen en la vida espiritual, destacó la originalidad y la lozanía del Evangelio, cultivó con sobriedad la exégesis espiritual de la palabra de Dios, tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo. De esta forma, descubrió tesoros ocultos, asumiendo palabras y episodios, a veces con gran audacia sobrenatural, como cuando, leyendo los textos de san Pablo (cf. 1 Co 12_13), intuyó su vocación al amor (cf. Ms B 3 r _ 3 v). Iluminada por la palabra revelada, Teresa escribió páginas admirables sobre la unidad entre el amor a Dios y el amor al prójimo (cf. Ms C 11 v _ 19 r) y se sumergió con la oración de Jesús en la última Cena, como expresión de su intercesión por la salvación de todos (cf. Ms C 34 r _ 35 r).

Su doctrina coincide, como ya he dicho, con la enseñanza de la Iglesia. Ya desde niña, sus familiares le enseñaron a participar en la oración y en el culto litúrgico. Al prepararse para su primera confesión, para su primera Comunión y para el sacramento de la confirmación, mostró un amor extraordinario a las verdades de la fe, y se aprendió casi al pie de la letra el Catecismo (cf. Ms A 37 r _ 37 v). Al final de su vida, escribió con su propia sangre el Símbolo de los Apóstoles, como expresión de su adhesión sin reservas a la profesión de fe.

Teresa no sólo se alimentó con las palabras de la Escritura y la doctrina de la Iglesia, sino también, desde su niñez, con la enseñanza de la Imitación de Cristo, que, como confiesa ella misma, se sabía casi de memoria (cf. Ms A 47 r). En la realización de su vocación carmelita fueron decisivos los textos espirituales de la madre fundadora, santa Teresa de Jesús, especialmente los que explican el sentido contemplativo y eclesial del carisma del Carmelo teresiano (cf. Ms C 33 v). Pero de modo muy especial Teresa se alimentó de la doctrina mística de san Juan de la Cruz, que fue su verdadero maestro espiritual (cf. Ms A 83 r). Así pues, no es sorprendente que, siguiendo la escuela de estos dos santos, declarados posteriormente Doctores de la Iglesia, también ella, óptima discípula, se haya convertido en maestra de vida espiritual.

10. La doctrina espiritual de Teresa de Lisieux ha contribuido a la extensión del reino de Dios. Con su ejemplo de santidad, de perfecta fidelidad a la Madre Iglesia, de plena comunión con la Sede de Pedro, así como con las particulares gracias que ha obtenido para muchos hermanos y hermanas misioneros, ha prestado un servicio particular a la renovadaproclamación y experiencia del Evangelio de Cristo y a la difusión de la fe católica en todas las naciones de la tierra.

No es necesario insistir mucho en la universalidad de la doctrina teresiana y la amplia aceptación de su mensaje durante el siglo que ha transcurrido desde su muerte, pues están muy bien documentadas en los estudios realizados con vistas a la concesión del título de Doctora de la Iglesia a esta santa. Reviste particular importancia, a este respecto, el hecho de que el Magisterio de la Iglesia no sólo ha reconocido la santidad de Teresa, sino que también ha puesto de relieve su sabiduría y su doctrina. Ya Pío X dijo de ella que era «la santa más grande de los tiempos modernos». Acogiendo con alegría la primera edición italiana de la Historia de un alma, quiso destacar los frutos que se obtenían de la espiritualidad teresiana. Benedicto XV, con ocasión de la proclamación de la heroicidad de las virtudes de la sierva de Dios, ilustró el camino de la infancia espiritual y alabó la ciencia de las realidades divinas, concedida por Dios a Teresa, para enseñar a los demás los caminos de la salvación (cf. AAS 13 [1921] pp. 449_452).

Pío XI, tanto con motivo de su beatificación como de su canonización, quiso exponer y recomendar la doctrina de la santa, subrayando la particular iluminación divina (Discorsi di Pio XI, vol. I, Torino 1959, p. 91) y definiéndola maestra de vida (cf. AAS 17 [1925] pp. 211_214). Pío XII, con ocasión de la consagración de la basílica de Lisieux en el año 1954, afirmó, entre otras cosas, que Teresa había penetrado con su doctrina en el corazón mismo del Evangelio (cf. AAS 46 [1954] pp. 404_408). El cardenal Angelo Roncalli, futuro Papa Juan XXIII, visitó varias veces Lisieux, especialmente cuando era nuncio en París. Durante su pontificado manifestó en diversas circunstancias su devoción por la santa e ilustró las relaciones entre la doctrina de la santa de Ávila y la de su hija, Teresa de Lisieux (Discorsi, Messaggi, Colloqui, vol. II [1959_1960] pp. 771_772).

Durante la celebración del concilio Vaticano II, varias veces los padres evocaron su ejemplo y su doctrina. Pablo VI, con motivo del centenario de su nacimiento, el 2 de enero de 1973, dirigió una carta al obispo de Bayeux y Lisieux, en la que destacaba el ejemplo de Teresa en la búsqueda de Dios, la proponía como maestra de oración y de esperanza teologal, y modelo de comunión con la Iglesia, recomendando el estudio de su doctrina a los maestros, a los educadores, a los pastores e incluso a los teólogos (cf. AAS 65 [1973] pp. 12_15).

Yo mismo, en varias circunstancias, me he referido a la figura y a la doctrina de la santa, de modo especial con ocasión de mi inolvidable visita a Lisieux, el 2 de junio de 1980, cuando quise recordar a todos: «De Teresa de Lisieux se puede decir con seguridad que el Espíritu de Dios permitió asu corazón revelar directamente a los hombres de nuestro tiempo el misterio fundamental, la realidad del Evangelio (...). El "caminito" es el itinerario de la "infancia espiritual". Hay en él algo único, un carácter propio de santa Teresa de Lisieux. En él se encuentra, al mismo tiempo, la confirmación y la renovación de la verdad más fundamental y más universal. ¿Qué verdad hay en el mensaje evangélico más fundamental y más universal que ésta: Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos?» (L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 15 de junio de 1980, p. 15). Estas breves referencias a una ininterrumpida serie de testimonios de los Papas de este siglo sobre la santidad y la doctrina de santa Teresa del Niño Jesús y a la difusión universal de su mensaje, expresan claramente hasta qué punto la Iglesia ha acogido, en sus pastores y en sus fieles, la doctrina espiritual de esta joven santa.

Signo de la aceptación eclesial de la enseñanza de la Santa es el hecho de que el Magisterio ordinario de la Iglesia en muchos documentos ha recurrido a esa doctrina, especialmente al tratar de la vocación contemplativa y misionera, de la confianza en Dios justo y misericordioso, de la alegría cristiana y de la vocación a la santidad. Lo atestigua la presencia de su doctrina en el reciente Catecismo de la Iglesia católica (nn. 127, 826, 956, 1.011, 2.011 y 2.558). Ella, que tanto se esforzó por aprender en el catecismo las verdades de la fe, ha merecido ser incluida entre los autores más destacados de la doctrina católica.

Teresa tiene una universalidad singular. Su persona y el mensaje evangélico del «caminito» de la confianza y de la infancia espiritual han encontrado y siguen encontrando una acogida sorprendente en todo el mundo. El influjo de su mensaje abarca ante todo a los hombres y mujeres cuya santidad o virtudes heroicas la Iglesia ha reconocido, pastores de la Iglesia, teólogos y autores de espiritualidad, sacerdotes y seminaristas, religiosos y religiosas, movimientos eclesiales y comunidades nuevas, hombres y mujeres de cualquier condición y de todos los continentes. A todos Teresa les ofrece su personal confirmación de que el misterio cristiano, del que es testigo y apóstol mediante la oración al convertirse, como ella afirma con audacia, en «apóstol de los apóstoles» (Ms A 56 r), debe tomarse al pie de la letra, con el mayor realismo posible, porque tiene un valor universal en el tiempo y en el espacio. La fuerza de su mensaje radica en que explica de modo concreto cómo todas las promesas de Jesús se cumplen plenamente en el creyente que acoge con confianza en su vida la presencia salvadora del Redentor.

11. Todas estas razones constituyen un claro testimonio de la actualidad de la doctrina de la santa de Lisieux y del particular influjo de su mensaje en los hombres y mujeres de nuestro siglo. Además, concurren algunascircunstancias que hacen aún más significativa su designación como maestra para la Iglesia en nuestro tiempo.

Ante todo, Teresa es una mujer que, leyendo el Evangelio, supo captar sus riquezas escondidas con la forma concreta y la profunda resonancia vital y sapiencial propia del genio femenino. Entre las innumerables mujeres santas que resplandecen por la sabiduría del Evangelio ella destaca por su universalidad.

Teresa es, además, una contemplativa. En el ocultamiento de su Carmelo vivió de tal modo la gran aventura de la experiencia cristiana, que llegó a conocer la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo (cf. Ef 3, 18_19). Dios quiso que no permanecieran ocultos sus secretos, por eso capacitó a Teresa para proclamar los secretos del Rey (cf. Ms C 2 v). Con su vida, Teresa da un testimonio y una ilustración teológica de la belleza de la vida contemplativa, como total entrega a Cristo, Esposo de la Iglesia, y como afirmación viva del primado de Dios sobre todas las cosas. Su vida, a pesar de ser oculta, posee una fecundidad escondida para la difusión del Evangelio e inunda a la Iglesia y al mundo del buen olor de Cristo (cf. Carta 169, 2 v).

Por último, Teresa de Lisieux es una joven. Alcanzó la madurez de la santidad en plena juventud (cf. Ms C 4 r). Como tal se presenta como maestra de vida evangélica, particularmente eficaz a la hora de iluminar las sendas de los jóvenes, a los que corresponde ser protagonistas y testigos del Evangelio entre las nuevas generaciones.

Santa Teresa del Niño Jesús no sólo es, por su edad, la Doctora más joven de la Iglesia, sino también la más cercana a nosotros en el tiempo; así se subraya la continuidad con la que el Espíritu del Señor envía a la Iglesia sus mensajeros, hombres y mujeres, como maestros y testigos de la fe. En efecto, a pesar de los cambios que se producen en el decurso de la historia y de las repercusiones que suelen tener en la vida y en el pensamiento de los hombres de las diversas épocas, no debemos perder de vista la continuidad que une entre sí a los Doctores de la Iglesia: en cualquier contexto histórico, siguen siendo testigos del Evangelio que no cambia y, con la luz y la fuerza que les viene del Espíritu, se hacen sus mensajeros, volviendo a anunciarlo en su integridad a sus contemporáneos. Teresa es maestra para nuestro tiempo, sediento de palabras vivas y esenciales, de testimonios heroicos y creíbles. Por eso, es amada y aceptada también por hermanos y hermanas de otras comunidades cristianas e incluso por muchos no cristianos.

12. En este año, en que se conmemora el centenario de la gloriosa muerte de Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, mientras nos preparamos para la celebración del gran jubileo del año 2000, habiendo recibido numerosas yautorizadas peticiones, especialmente de muchas Conferencias episcopales de todo el mundo, y habiendo acogido la petición oficial, o Supplex Libellus, que me dirigieron el 8 de marzo de 1997 el obispo de Bayeux y Lisieux, el prepósito general de la orden de los Carmelitas Descalzos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, y el postulador general de la misma orden, decidí encomendar a la Congregación para las causas de los santos, competente en esta materia, «después de haber obtenido el parecer de la Congregación para la doctrina de la fe, por lo que se refiere a la doctrina eminente» (constitución apostólica Pastor bonus, 73), el peculiar estudio de la causa para conceder el título de Doctora a esta santa. Reunida la documentación necesaria, las dos citadas Congregaciones abordaron la cuestión en sus respectivas Consultas: la de la Congregación para la doctrina de la fe el 5 de mayo de 1997, por lo que atañe a la «doctrina eminente», y la de la Congregación para las causas de los santos el 29 de mayo del mismo año, para examinar la especial «Positio». El 17 de junio sucesivo, los cardenales y los obispos miembros de esas Congregaciones, siguiendo un procedimiento aprobado por mí para esa ocasión, se reunieron en una Asamblea interdicasterial plenaria y discutieron la Causa, expresando por unanimidad un parecer favorable a la concesión a santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz del título de Doctora de la Iglesia universal. Dicho parecer me fue notificado personalmente por el señor cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, y por monseñor Alberto Bovone, arzobispo titular de Cesarea de Numidia, pro_prefecto de la Congregación para las causas de los santos. Teniendo todo eso en cuenta, el pasado 24 de agosto, durante la plegaria del Ángelus, en presencia de centenares de obispos y ante una inmensa multitud de jóvenes de todo el mundo, reunida en París para la XII Jornada mundial de la juventud, quise anunciar personalmente mi intención de proclamar a Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz Doctora de la Iglesia universal con ocasión de la celebración de la Jornada mundial de las misiones (en Roma). Hoy, 19 de octubre de 1997, en la plaza de San Pedro, llena de fieles procedentes de todo el mundo, y en presencia de numerosos cardenales, arzobispos y obispos, durante la solemne celebración eucarística, he proclamado Doctora de la Iglesia universal a Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, con estas palabras: «Acogiendo los deseos de gran número de hermanos en el episcopado y de muchísimos fieles de todo el mundo, tras haber escuchado el parecer de la Congregación para las causas de los santos y obtenido el voto de la Congregación para la doctrina de la fe en lo que se refiere a la doctrina eminente, con conocimiento cierto y madura deliberación, en virtud de la plena autoridad apostólica, declaramos a santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, virgen, Doctora de la Iglesia universal. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Realizado ese acto del modo debido, establecemos que esta carta apostólica sea religiosamente conservada y produzca pleno efecto tanto ahora como en el futuro; y que, además, según sus disposiciones se juzgue y se defina justamente, y que sea vano y sin fundamento cuanto alguien pueda atentar contra las mismas, con cualquier tipo de autoridad, tanto conscientemente como por ignorancia.

Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el día 19 del mes de octubre del año del Señor 1997, vigésimo de mi pontificado
fuente
http://www.sta-teresita.com.a
r/

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San Cayetano


San Cayetano


Nació Cayetano; de padres nobles, hacia el año 1.480,
en la ciudad de Vicenza, del señorío de Venecia. Sin
embargo, algunos autores afirman que vio la luz en
Gaeta. Efectivamente, el nombre Cayetano proviene del
término latino caietanus, que significa, oriundo de
Caieta, como se llamaba esa ciudad en la época de los
romanos.

Antes de nacer, ya la madre lo había ofrecido a Jesús.
De pequeño, por este motivo, se lo llamaba Cayetano de
Santa María.

Cayetano nació en una época de cambios históricos
profundos, logró vivir de acuerdo a lo que creía y
trascender su tiempo, no sólo como un Santo venerable,
sino como un ejemplo de vida cristiana.

Frecuentó desde muy joven las iglesias y le gustaba la
soledad. Se estableció en Roma y el Papa Julio lo
nombró protonatario apostólico y lo hizo camarero.

San Cayetano experimentaba una desgana muy viva por el
género de vida de muchos de los otros prelados y
eclesiásticos de la corte papal. En una carta del 31
de julio de 1517, pedía a Laura Mignani rezar por
Roma: "Te recomiendo ésta, alguna vez Ciudad Santa,
ahora Babilonia, en la cual hay tantas reliquias".

Ordenado sacerdote el 30 de setiembre, celebró su
primera misa en la fiesta de la Epifanía, el 6 de
enero de 1517, en el altar del Pesebre de Santa María
la Mayor, donde la Madre de Dios, en la Navidad
siguiente le presentará su Hijo Divino entre los
brazos, como él mismo lo relata a Laura Mignani en una
carta del 18 de febrero de 1518.

A favor de los incurables.

Al regresar a Vicenza, encontró un conjunto de gente
humilde, devota y ejemplar, que él Ilamó sociedad
santa.

Los aleccionó para que fueran útiles en el hospital de
incurables y ejerció personalmente la caridad con los
enfermos. Su ejemplo cundió por toda la ciudad.
Caballeros, nobles, militares y vecinos de gran
fortuna acudían como voluntarios al hospital. Se
trasladó a Venecia. Allí gastó gran parte de su
fortuna en realizar obras de misericordia. Reparó el
hospital, Ilamado Hospital Nuevo. Todavía se ve sobre
la puerta principal del hospital la imagen del santo y
la inscripción en que se lo Ilama "amado fundador".
Acostumbraba decir que en la iglesia se rendía a Dios
el homenaje de la adoración y "en el hospital lo
encontramos personalmente".

Funda otra congregación a medias.

Por segunda vez se hizo presente en Roma, donde fundó
otra congregación, para combatir a los herejes. Tuvo
por compañero de fundación a don Juan Pedro Caraffa,
obispo de Chieti (Teati), hombre austero y ejemplar
que fue después el Papa Pablo IV.

Cayetano fue un reformador. Un fin guiaba al nuevo
instituto: proveer santos prelados, quienes no podían
poseer rentas ni pedir limosna, debiendo contentarse
para su sustento con lo que espontáneamente se les
ofreciera; es decir, debían entregarse sin reserva en
manos de la providencia. Clemente VII los denominó
clérigos regulares. En Italia son Ilamados chietinos o
teatinos por Juan Pedro Caraffa, obispo de Chieti, que
antiguamente se Ilamaba Teati.



Después del saqueo a Roma.

En el saqueo a Roma, en mayo de 1527, por las tropas
imperiales de Carlos V, los Teatinos fueron
maltratados, hechos prisioneros y encerrados en la
torre del Reloj, en el Vaticano; liberados por un
oficial español, pasaron a Civitavechia y después a
Venecia. Durante los seis años que él pasó en Venecia
(1527-1533), Cayetano con su Comunidad se consagra a
la asistencia de los pobres y de los enfermos, sobre
todo en la peste que asoló la ciudad entre el 1527 y
1528, trabaja en la reforma religiosa y se opone a las
infiltraciones heréticas.

Un "pobre" que era temido por cuasi-herejes.

En Nápoles, los Teatinos realizan desde el principio
una inmensa tarea apostólica. Bajo la dirección de
Cayetano, la Comunidad crece rápidamente y se vuelve
el centro de la reforma católica: se cuida del decoro
y del esplendor de la iglesia, se da un gran impulse a
la vida litúrgica y a la frecuencia de los
sacramentos, reflorece la piedad en torno al misterio
de Navidad, se restaura la devoción al santo Pesebre.

Se velaba también por la pureza de la fe. Los
innovadores Juan Valdés, Pedro Bernardino Ochino y
Pedro Mártir Vermigli encuentran en los Teatinos
temibles adversarios. Defensor de una pobreza
absoluta, Cayetano rehusa enérgicamente las generosas
ofrendas que unos napolitanos quieren asegurar a la
Comunidad para que ella goce de rentas fijas. Su
confianza en la Providencia será proverbial y sus
biógrafos narran los prodigios que prueban las
intervenciones especiales del cielo. Su espíritu de
penitencia era grande, así como su despego de lo
terrestre.

Morir por Nápoles.

Cayetano había Ilegado a Nápoles en compañía de otro
teatino, Juan Marinoni. La ciudad estaba gobernada por
un Virrey, don Pedro de Toledo, en representación de
Carlos V.

Los españoles, a fin de mantener la estabilidad
política y económica, habían otorgado a la nobleza
napolitana grandes beneficios. Pero el pueblo
soportaba graves penas y miserias.

El Conde de Oppido recibió a los dos sacerdotes, con
grandes lujos. Pero ellos se negaron a aceptarlos
terminantemente.

El Conde, maravillado por los espíritus nobles dos
teatinos, siguió insistiendo y brindándoles todo to
podía para que vivieran cómodamente. Y ambos,
nuevamente, devolvieron cuanto obsequio recibían y
come su obra de apostolado en la ciudad.

Entre idas y venidas, lograron todo cuanto se
propusieron. Lentamente fueron sorteando con
dificultad todos obstáculos. Pero no pudieron con uno:
la Inquisición, que había Ilegado a la ciudad y
produjo tal conmoción que la multitud se levantó en
armas.

Cayetano trató de mediar en el conflicto que se
desató, pero no obtuvo ningún resultado y decidió
ponerse en manes de Dios, suplicando su misericordia.
Entonces, Cayetano se ofreció en cuerpo y alma por la
salvación de su pueblo.

De repente, una extraña enfermedad lo obligó a
recostarse en la cama y Marinoni Ilamó inmediatamente
al médico. Pero de nada sirvió. El Santo pidió los
sacramentos para poder morir en paz. Lloró por sus
pecados, besó por última vez la imagen de Cristo en la
cruz y cerró los ojos para siempre el domingo 7 de
agosto de 1547, en momentos en que la capital
napolitana estaba en sangrientos tumultos.

Al día siguiente, milagrosamente, cesaron las
hostilidades. Hubo un acercamiento de ambas partes y
dieron paso al diálogo, es que la mano de Dios había
bajado a la tierra y había escuchado el ruego del
Santo.



Fue enterrado en el cementerio de los Teatinos, cerca
de la iglesia de San Pablo; más tarde sus restos
fueron trasladados al interior de la iglesia, donde
son actualmente venerados en la cripta del "Soccorpo".

Clemente X lo canoniza el 12 de abril de 1671. Su
fiesta, celebrada el 7 de agosto, fue extendida en
1673 a la Iglesia universal.

En definitiva, San Cayetano pasó toda su vida
sirviendo a Jesús en sus hermanos: fundó un hospital
para atender a los que padecían enfermedades
infecciosas, creó un Banco que concedía créditos a los
más necesitados, organizó una imprenta para dar
trabajo a los desocupados. Nadie que tuviera alguna
necesidad le era indiferente.

2. EXPANSION DE LA DEVOCIÓN DE SAN CAYETANO AL
NUEVO MUNDO.

La introducción de la devoción a San Cayetano en los
vastos territorios que la Corona de España controlaba;
desde el actual estado de Colorado en Estados Unidos
hasta la Patagonia tiene más aires de milagro que de
historia.

No podemos olvidar que en 1622 la Corte Madrid conoce
la Santidad de Cayetano, que murió súbdito de Carlos V
en 1547, a través de los "Clérigos Regulares" que
llegan a la Capital para cuidar el hospital y la
colonia de italianos, allí establecidos. La
canonización de los cinco Santos Clementinos en 1672
es una apoteosis española: cuatro de ellos pertenecen
a estos; territorios que gobierna todavía la dinastía
de los Austrias: San Cayetano, Santa Rosa de Lima, San
Luis Beltrán y San Francisco de Borja. Santa Rosa es
la primera flor de santidad que produce América de
Sur. San Luis Beltrán había evangelizado la actual
Colombia, sin necesidad intérpretes, durante más de
siete años. Es pues de la mano de Rosa de Lima y de
Luis Beltrán que San Cayetano hace su entrada en el
corazón de los pueblos hispanoamericanos. Los Virreyes
y la nobleza española que se establece en el nuevo
continente traen sus "vidas" y primeras reproducciones
gráficas del Santo. El pueblo sencillo aprende a
conocerIo. En poco tiempo se convierte en uno de·los
Santos más populares de Latinoamérica.

En México, y esto lo sabemos por una carta que escribe
un religioso jesuita a su hermano "clérigo regular" de
Nápoles, no hay casa, iglesia o poblado que no cuente
con un altar de San Cayetano. Se multiplican los
cuadros y retablitos del Santo. La arquitectura
barrococolonial de la época alcanza su máxima
expresión interpretativa en el templo de San Cayetano,
construido a principios del siglo XVIII, sobre la mina
de plata más rica de todo el continente, la
"Valenciana de Guanajuato. Hoy todavía existe, como
existen bellísimas telas y bajorrelieves de San
Cayetano en muchas Catedrales mexicanas, en templos y
museos provinciales. La imaginería de México recuerda
en muchas partes al "Santo de la Providencia".

En Lima, Cuzco y Cajamarca del actual Perú, San
Cayetano es igualmente conocido y venerado. Hoy nos
quedan sus "imágenes barrocas" es decir, remontándose
al tiempo de Ia Colonia, que todavía son veneradas por
multitud de cristianos del siglo XX. Es interesante
recordar también el intento de un sacerdote del
«Oratono» de San Felipe Neri, el P. Gregorio Casañas,
para fundar en Lima un monasterio de teatinas:
"Organizó desde 1688 el Convento gastando 70.000 pesos
y entraron en clausura dieciséis doncellas con hábito
Reglas de San Cayetano, pero ni el Virrey, Arzobispo
ni el Cabildo favorecieron la fundación por lo que se
extinguió en 1709".

En Brasil está documentada la devoción a San Cayetano
desde 1631. Hoy cuenta con la mayor Ciudad de todo el
mundo que Ileva el nombre del Santo: Sao Caetano du
Sul, en el gran San Pablo. En 1980 la Ciudad contaba
con 162.758 habitantes, extendiéndose en un área de
15.185 km. cuadrados. Solamente dentro del área
metropolitana de San Pablo existen 12 calles que
Ilevan el nombre de San Cayetano.



El fenómeno de la devoción a San Cayetano en Argentina
es todavía más impresionante, aunque posterior al de
otras zonas latinoamericanas.

En Argentina.

Todo hace pensar que desde el primer memento la imagen
de San Cayetano estaba al costado derecho de la
capilla. Cuando la zona de Liniers se convierte en un
extenso barrio obrero se instala en la capilla
facilitada por las hermanas, la Parroquia de San
Cayetano, el 18 de enero de 1913.

Es probable que ya entonces concurrieran (en pequeña
escala) los devotos del Santo, que confluían desde
otros barrios.

De allí en más, mes a mes y año fue aumentando
considerablemente el número de fieles devotos.

La imagen del Santo comenzó a difundirse, juntó con la
espiga, símbolo, del pan y el trabajo, en las casas de
Buenos Aires, para extenderse a casi toda la
república.

Desde el año 1970, los devotos del Santo que concurren
a los Santuarios de Liniers y Belgrano, en la Capital
Federal, cambian sus promesas de velas y flores por
alimentos y ropa que se envían a las regiones más
necesitadas del interior del país.

3. SAN CAYETANO: UN SANTO POPULAR ITALIANO AMADO
POR EL MUNDO.

Es una casualidad que casi todos los santos populares
son italianos, San Antonio de Padua (portugués de
nacimiento e italiano por adopción), Santa Rita de
Cosia, San Francisco de Asís, etc., y también San
Cayetano de Thiene.

El pueblo napolitano atribuyó a San Cayetano la paz
obtenida en mementos difíciles para la región, pues
Falleció el mismo día del armisticio.

Hombres Y mujeres que lo conocieron y recibieron su
influencia comenzaron a considerarlo un verdadero
santo, y la devoción se extendió también a Vicenza Y
Venecia, donde había vivido largos años.

Cuando todavía faltaba tiempo para la canonización, el
Superior de los Clérigos Regulares dispuso: "La imagen
principal del Beato, que se ha de exponer en el
templo, será representada con una vara de lirios en la
mano y dos o tres pájaros posados sobre la misma.
También tendrá un libro en el que se leerá: No se
preocupen por lo que van a comer o con se van a
vestir. Miren los lirios del campo y las aves del
cielo".

En el momento de declarar el Papa oficialmente Santo a
Cayetano, la alegría popular se expresó con arcos de
triunfo y millones de lámparas de aceite colocadas en
calles y plazas.

La devoción se extiende, considerándolo abogado de lo
cotidiano, del pan de todos los días.

En España se canta en su después de rezar el Padre
Nuestro: "Glorioso San Cayetano, Padre de Providencia
que no falte en nuestra casa, a diario, tu
asistencia".

Poco apoco los "Clérigos Regulares" se fueron
repartiendo por Italia, Francia, España, Alemania,
Austria, Polonia, para pasar luego a América. Junto
con ellos se va conociendo la genial figura de San
Cayetano de Thiene, el sincero seguidor de Jesucristo,
capaz de responder a la Palabra de Dios y de Ilevarla
asta las últimas consecuencias.

En síntesis, San Cayetano vivió en Italia, entre 1480
y 1547, pero su prédica y sus actos han trascendido
las fronteras y los tiempos porque siempre estuvo
junto al corazón de los que pedían ayuda. Él solía
decir: "Una derrota no es un fracaso... Nuestra
confianza en Dios, en su Providencia, nos hace sentir
seguridad... Debemos seguir rezando y actuando. Dios
no nos abandonará" y firmaba: "Cayetano, miserable
sacerdote".

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